Hace apenas un par de semanas se celebraba el Día Mundial de la Sonrisa. Hace ya algunos años que se instauró que el primer viernes de octubre teníamos que dedicarlo a ver el lado bueno de las cosas, a sonreír, a repartir sonrisas por el mundo. Una vez pasada esta fecha, me gustaría dedicar este post al efecto terapéutico de la risa. Me gustaría contribuir en estas líneas a perpetuar en el tiempo el Día Mundial de la Sonrisa. Porque… ¿por qué sonreír un sólo día si podemos hacerlo a diario?

Dicen que un día sin risa es un día perdido. ¡Y estoy de acuerdo! Estudios científicos han constatado que quién se ríe a menudo es menos propenso a contraer enfermedades, la risoterapia disminuye en un 60% el tiempo de recuperación tras una enfermedad, al reír movemos 400 músculos del cuerpo con lo que ejercitamos corazón y pulmones, además de realizar ejercicio aeróbico. Podíamos decir que la risa es la medicina más barata que existe. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto sonreír?

Los niños se llegan a reír hasta 400 veces al día, pero al hacernos adultos apenas lo hacemos entre 15 y 30 veces… ¡un dato curioso! ¿No crees?

Te propongo un plan. Prueba a empezar el día con una sonrisa. Cuando te levantes, agradece el nuevo día, regala una sonrisa a los tuyos, desayuna escuchando tu música preferida (la que te motiva y te ayuda a sonreír), piensa en lo afortunado que eres por lo que tienes, camino del trabajo, de la Universidad, del cole de tu hijo… respira y siente que estás vivo. ¡Seguro que sonríes! Deja de quejarte y dedica tiempo a los que están cerca de ti y te necesitan. Comprobarás que el día cambia, aunque en realidad lo que ha cambiado es tu actitud. En función de esa actitud suceden cosas diferentes.

Y quién elige eres tú.

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